miércoles, 9 de marzo de 2011

CUANDO SE PIERDE A UN PADRE.....COMO CERRAR ESA ETAPA TAN DOLOROSA?

No importa quién fue mi padre. Lo importante es quién recuerdo yo que fuese.




“Cuando nací mi padre aparecía para aplaudir mis últimos logros. Cuando me fui haciendo mayor se convirtió en una figura que me enseñaba la diferencia entre el mal y el bien. Durante mi adolescencia era la autoridad que le ponía límites a mis deseos. Ahora que soy adulta es el mejor conse¬jero y amigo que tengo…”


• “Tengo un recuerdo muy vago de mi padre. De niño casi no lo veía: su trabajo le llevaba parte de su vida. Éramos muchos hermanos y había que sostener una familia muy nu¬merosa. Me da pena no haberme acercado más a mi padre.”



• “No conocí a mi padre. El abandonó a mi madre antes de que yo naciera…”



• “Hoy que tengo que sentarme a pensar en la relación que he tenido con mi padre, siento que no le he perdonado muchas cosas, sobre todo el maltrato a mi madre… Hoy sé que mi padre, en sus últimos años, se arrepintió de todo el maltrato, pero las escenas de violencia cuando yo era niña no se van de mi memoria…”


Has leído distintas historias de personas que han debido de¬tenerse a elaborar los duelos de las pérdidas de sus padres. Todas son distintas relaciones, distintas maneras de vincular¬se, distintas situaciones que la vida les ha presentado.



• Un PADRE, que acogió, acompañó, fue referencia …



• Un PADRE indiferente, apurado, que dedicó su vida a ser proveedor …



• Un PADRE abandónico que nunca fue responsable del hijo que trajo al mundo…



• Y un PADRE violento, que desplegó la rabia que tenía dentro a los seres que quizás más amaba, su familia.



No sabemos cuál sea tu caso, como tampoco si acaso tu his¬toria coincida con la de otra persona. Cada uno de nosotros es un ser único y, como tal, nuestras vivencias son únicas. Nuestra manera de sentir es única.


Pero ciertamente debemos cerrar esta historia con tu padre. Y quizás lo hagamos desde una reflexión profunda donde lo importante no es CÓMO FUE TU PADRE, qué hizo, qué no hizo, qué pudo darte, o qué no pudo darte.


Es cierto que hay necesidades básicas, y una de las primor¬diales es que, durante la infancia, el sentirse protegido por un padre dará muchos recursos y seguridades en la vida adulta.


Quizás ahora puedas comprender tus seguridades o tus inse¬guridades. Depende de la historia que te haya tocado transitar con él.


Perder al padre…


Si hoy, en este recorrido, sientes que tienes que reclamar algo a tu padre, o que hay cosas que quisieras decirle, te invito a realizar este ejercicio ahora, sea de manera oral o escrita. Es tiempo de limpiar, sanar, soltar, y es tiempo de madurar.



Papá… hoy quiero decirte que….


Papá, éstas son las cosas que no me gustaron…


Papá, éstas son las cosas que te agradezco…



Hablar de un padre nos remonta a un ser humano con la hu¬manidad que lo ha caracterizado. Quizás te ha ayudado a to¬lerar las frustraciones; quizás te ha ayudado a seguir adelante aún cuando faltaban las fuerzas.


Cuando piensas en tu padre podrás evocar miles de detalles, sensaciones, vivencias y sentimientos que te recuerden esa relación, o la ausencia de esa relación. Por ello, conectada o conectado con el presente, con el aquí y el ahora, vamos a iniciar el proceso de soltar las emociones intensas y fuertes que estás percibiendo para lograr una cálida sensación de paz al pensar y traer a tu memoria la imagen de tu padre.


Díselo ahora. Encuéntrate con tu padre, toca tu corazón y ábrelo a la maravillosa comunicación del espíritu.

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Sandra Barbero
Logoterapeuta.